Ir al contenido principal

La última película.

Hay películas, al igual que libros, y discos, que según en el momento en que las veas, son capaces de marcarte de por vida. Por supuesto, y afortunadamente, no a todo el mundo le marca el mismo cine. Depende, seguramente, del grado de implicación que uno pueda tener con la película, y claro está, que se identifique con los personajes; e identificarse con los personajes tampoco es la cosa más difícil siempre que la película esté bien contada, y hecha con sensibilidad. Sin embargo, sólo hay unas elegidas, yo tengo como diez u once, de las cuales me siento tremendamente cercano, casi diría, que el protagonista de la misma podría haber sido yo. Una de estas películas de las que yo me siento cercano es “La última película”, de Peter Bogdanovich. No sé si la habéis visto, pero os la recomiendo. La película trata de un grupo de jóvenes en un pueblo americano donde empiezan a pasar de una adolescencia bastante aburrida, a un mundo adulto que no saben muy bien cómo manejar. Mantienen relaciones entre ellos, y también descubren mundos que un principio le eran ajenos, y que adentrarse en ellos no es algo tan complicado (la escena de Cybyll Sheperd en la piscina es antológica). Y por supuesto, no tienen, como en la mayoría de los pueblos en aquella época, nada con que divertirse excepto un cine que está a punto de cerrar. Un cine que va a proyectar pronto su última película. Un cine que se convierte en su única esperanza al mundo, y que sin embargo, va a acabar con su juventud para siempre.
Hace unos día pasé por el cine San Miguel en Martos, el cual, lleva ya varios años cerrado. Por lo que parecía estaban sacando sillas del patio de butacas del cine de Verano, que está junto al de invierno. En la puerta, junto con otros hombres, estaba sorprendentemente el taquillero de toda la vida del cine, un hombre ya mayor, y que, por qué no decirlo, siempre que te recogía la entrada te miraba con cara de muy pocos amigos. Sin embargo, la mala cara del taquillero no me hacía no acudir al cine siempre que ponía una película, fuera interesante o no, ya que mi adolescencia fue iniciática y devoradora de todo aquello que fuera proyectado en una pantalla grande, o en una pequeña, si se daba el caso. Durante muchos inviernos fue al cine San Miguel, con mis amigos y solo, sentándome en esos asientos viejos, y con polvo, enfrentándome a las leyendas negras que decían que había ratas, y sofocándome con una calefacción que ponían a toda potencia, gastándome la paga en lo de Carmen, y comiendo chucherias antes de que empezara la película.
Durante muchos otoños fui al cine San Miguel, a ver obras de Teatro cuando todavía no teníamos teatro, a representarlo también, con el aula municipal, con Antonio de director, motando Caricias, y también, fui a ver teatro, Combatientes tuvo su estreno en el cine. También fui a Carnavales, a programas de radio en directo, a pregones de la fiesta de la Aceituna, y de Carnaval.
Durante muchas primaveras y veranos fui al cine San Miguel. El cine de Verano, que se convertía en una ceremonia; de comprar bocadillos y Coca-colas, de películas de aventuras, de dobles sesiones, de jazmín recién regado y de asientos incómodos, de hablar a escondidas, y de contar secretos, de empezar un verano, y de colarse en la siguiente sesión, de no hacer nada, y estar haciéndolo todo.
No sé, no recuerdo cual fue la última película que emitió el Cine San Miguel, que siempre estuvo en crisis y nunca fue un gran cine de estreno, pero que, cuando yo más lo necesité, me hizo ir a ver películas, y en ellas, como siempre, verme identificado con los personajes. No sé, no me lo han dicho, si el cine va a ser derribado o no, si ya lo han vendido y pronto habrá un gran bloque de pisos, y dentro de treinta, cuarenta años, nadie se acuerde de que allí había un cine. No sé, no sé si quiero olvidar, que los edificios fomentan la memoria, y que la memoria hace que nos conozcamos a nosotros mismos. Por eso escribo ésta entrada, para que, al menos yo, nunca me olvide que la primera vez que reí, lloré, y sufrí en el cine, fue en un edificio precioso, que ya pronto, no volverá a existir. Fue en un momento de mi vida de inicios, que ya nunca volveré a tener. Fue en una época en la que el cine, tenía valor de aprendizaje, de riesgo, de vidas que no eran las propias, y que, seguramente, nunca volverán a existir.

Un beso a todos los que se besaron, sufrieron, rieron y lloraron en el cinema San Miguel, en el de invierno, o en el de verano.

Comentarios

David ha dicho que…
En Moratalaz llegó a haber dos cines.
No sé si en alguno ví mi primera película, es posible que mis padres me llevaran al centro en Navidad.
Uno de ellos, Garden, era de sesión continua y recuerdo que se formaban colas enormes los días del espectador, tenía que ir la policía a poner orden. Estaba cerca del colegio al que yo iba y quizá eso favorecía las aglomeraciones a la salida de clase.
Ahí ví mi primera película yo solo, La misión, y esa es una costumbre que me gusta mucho.
El cine dio nombre a la plaza, la plaza del Garden. Ese es el único recuerdo que queda del cine, ahora hay un gimnasio y un bingo.
La primera vez que vine a Martos, todavía funcionaba el cine, ya empiezo a ser veterano por aqui...
gatute ha dicho que…
Muy buen post Amador, como siempre

La verdad es que sería una lastima que tiraran estos cines, como bien dices nos traen muy buenos recuerdos a los marteños y el cerrado tiene mucho encanto, como el de Cinema Paradiso.

Del de verano también recuerdo la incomododidad de sus asientos, especialmente viendo La lista de Schindler y la distracción de las lagartijas en la pared, especialmente cuando paseaban por la pantalla.

Un saludo
Amador Aranda ha dicho que…
Desde luego, cómo sois los de Moratalaz, con la policia y todo, jeje.
¿Llegaste a ver alguna película en el cine?. Tenía un gallinero estupendo, y los vestuarios, era de posguerra total...en fin. Imagino que su inauguración fue por todo lo alto, y que estaría a la última. Un besote.

Yo fui a ver la Lista, la vi después de una de mis primeras ferias reales, quiero decir, de no dormir, y eso...y por supuesto, aunque tenía muchas ganas de ver la película, y era una gran película, me dormí, en los sillones verdes de metal durísimo...jaja. En fin, tendría sueño.
combatientes70 ha dicho que…
Maravillosa entrada... no quiero ni pensar en el día que lo derriben... además, creo que a la mayoría de los marteños le suda el pie... borramos nuestra memoria... queremos ser animales con alzheimer... ¿crees que alguien hará algo más que quejarse en una tertulia de barra de bar? Ni nosotros haremos nada... matamos nuestros recuerdos colectivos y sólo conservamos los íntimos... podría escribir mil y una entradas de las experiencias vividas en ese cine o en el olimpya... pero ¿para qué?... a nadie le importa la cultura... a nadie... ¿si a alguien le hubiera importado se hubiera derribado? ¿como se ha permitido que nuestro cine se convierta en pisos? ¿quien gana, quien pierde? gana el alzheimer... gana la incultura, el borregismo... gana el olvido...
Kinush ha dicho que…
qué buen post Amador!!como siempre genial!!!
No veas que bajon me dió el otro día al ver una vez más la película de Cinema Paradiso, y pensar que con nuestro Cinema San Miguel va a pasar igual, tan solo quedará en fotografias y en la memoria de todos aquellos que allí soñamos, reimos, lloramos, ect.
Deberiamos de movilizarlos y hacer algo para evitar ese fatal derribo de uno de los simbolos de la cultura marteña...hacer una cadena humana...o lo que sea, lo veo dificil pues como siempre poderoso caballero es don dinero y lo demás se va al carajo.
pfff me pongo malo sólo de pensar en lo dejados que somos aqui en Martos, quejarnos se nos da muy bien pero luchar...tu sabes!!
un abrazo tio!!!si se decide hacer algo avisar por los blogs para mover a la gente.
chao!!
Amador Aranda ha dicho que…
Pues sí Combatientes borramos nuestra memoria, pero no nos damos cuenta...es más fácil derribar y construir, y olvidar...en fin, una pena. Un besote.

Pues sería una buena idea, todo es ponerse, pero, me temo, que no vamos a conseguir gran cosas. No somos la varonesa Thyssen, y no tenemos un Museo que sacrificar. Pero, bueno, al menos que quede claro que hay gente a la que le importan los edificios, también los civiles, y los que se usan para otros fines...eso será dificil de enteder en mucho tiempo. Un saludo Kinush.
globete ha dicho que…
A mí me da mucha pena que tiren el edificio, para seguir construyendo más bloques de pisos, de este modo estamos perdiendo la identidad de nuestro pueblo ya que los edificios más significativos están desapareciendo, y más aún que llevemos tanto tiempo sin cine en Martos, porque como bien dices no es que trajeran los últimos estrenos pero podías ver películas que estaban bien.
Mi última película en el cine de invierno fue La máscara del Zorro y en el de verano una muy larga de Mel Gibson Braveheart ese día hizo mucho frío y como es larga y las famosas sillas verdes se te hincaban por todos lados me dije a mi mismo que sería la última película que vería en ese cine si no cambiaban las sillas, y como nunca las cambiaros pues no volví, ya se que soy radical, pero el que no probara esas sillas no lo puede entender
Amador Aranda ha dicho que…
Es verdad...recuerdo que tu decías que no ibas al cine asi...jeje. A mi no me importó demasiado...en fin. Un besote.
combatientes70 ha dicho que…
a mí me encantaban las sillas del cine de verano... me encantaba el cine entero... vamos a las barricadas... a las barricadas... a las barricadas...
mykelangelo ha dicho que…
al final vais a acabar con todo! jajaja, menuda impresión me dió cuando vi por primera vez la iglesia que hay en el castillo de cerca por primera vez! aún estoy traumatizado por el revestimiento de las paredes!!! es una pena el poco respeto que hay hacia el legado arquitectónico y cultural, una verdadera pena...
jamila ha dicho que…
Es una pena que Martos vaya quedándose poco a poco sin sus mejores señas de identidad. Sería lamentable que los cines San Miguel y Salón Moderno fueran derribados para en su lugar edificar bloques de pisos. No entiendo como el Ayuntamiento no toma parte en este tipo de situaciones y evita que desaparezcan edificios tan emblemáticos como los referidos cines. Desaparecieron los cines de verano de la Plaza y el San Fernando, lo mismo pasó con el cine Olympia y al final nos quedaremos sin ningún cine. En otras ciudades los Ayuntamientos compran este tipo de edificios y los reconvierten en locales donde ejercer actividades culturales, etc. manteniendo,reformando y mejorando estos inmuebles.

Entradas populares de este blog

Casa David

Los indeseables.

Quién les hubiera de decir a las “galas de cine” que en unos años se iban a convertir en fenómenos de masas. Yo, que como aficionado al cine he visto muchas, puedo confirmar que excepto en el noticiario del día siguiente, los premios y las galas pasaban sin pena ni gloria, más allá del comentario popular de: esta ha ganado diez Oscars, o diez Goyas, y no es tan buena…o el vestido de aquella, o el disfraz con el que fue aquel...o la maldad de turno, que también las había...y las hay, y que en cierto modo siempre ha formado parte del visionado de las galas entre amigos: una diversión blanca que no salía del salón donde se veía la gala.
Pero las redes sociales y en especial Twitter, lo han cambiado todo. Las galas son el mejor momento y el mejor escaparate, para que las lenguas, a veces originales, y otras algo viperinas, comenten lo que está pasando en su televisión. Criticar una gala de cine sin saber de cine está a la orden del día. No hace falta ver las películas, ni conocer a los ac…

Las furias cotidianas.

Los viajes siguen siendo interesantes. Madrid sigue siendo interesante. Amigos, familia, visitas, cine, teatro. La lluvia nos recibe a nuestra llegada. La lluvia, y un apartamento en “la puerta del Sol” que no sabemos si nos gusta o no. Apenas sin tiempo nos vamos al teatro. Apenas sin teatro nos vamos al tiempo.  

“El gol de Alex”, la nueva obra de mi amigo Antonio Hernández Centeno. Ver obras de Antonio cada cierto tiempo en Madrid se ha convertido en un hábito muy agradable. En una excusa para volver. En una vuelta a la excusas. “El gol de Alex” es quizá la obra más personal hasta la fecha de Antonio, un texto lleno de dolor y desamor, que renace como el mismo autor, a una nueva vida, a un camino que será diferente, pero en el que se tiene que seguir caminando. Una comedia que es un drama, como las grandes comedias. Como los grandes dramas. Como la vida en la ficción.

Ficción también es la de “Selfie”, comedia, o drama, o simplemente una película sobre España, sobre la actual, o la …