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Rufus Wainwright en el Teatro Cervantes de Málaga.


Intentaré ser lo más objetivo posible dada la situación, que es, que el concierto me ha gustado mucho, y que como dice Antonio, lo llamé emocionado al acabarlo: es que estaba impactado. Y es que claro, a mí, como a mucha gente, nos gustaba Rufus Wainwright, pero no nos esperábamos que Rufus nos invitara a su casa, nos sentara en su sofá, nos presentara a su madre (literalmente), y como si fuéramos los invitados de la familia Von Trap en Sonrisas y lágrimas, nos hiciera un espectáculo.
Debo reconocer que me costó entrar, que aunque él estuvo muy correcto, y cantó muy bien, hasta Cigarrettes and chocolate milk, que tocó solo con el piano, no conseguí que el concierto me llegara. Seguramente estaba mal influenciado por las críticas del Rockdelux, y por los comentarios gamberros que se han escuchado de que en sus conciertos se desmelenaba (y se desmelenó, pero más tarde).
Todo está medido a la perfección en el concierto. Unos temas muy bien elegidos, que van enseñando a un Rufus con su banda donde todo es uno, solo con el piano, donde un foco lo ilumina desde arriba, y con su madre, cantando temas de Judy Garland. También es un Rufus diferente en cada canción, es un gran actor que ofrece una interpretación diferente, es teatral en las propuestas, aunque muy sencillo en el fondo, y es que, por mucha parafernalia que se monte en escena, si no hay buenas canciones, y una buena voz detrás de ellas, nada tiene sentido: pero en éste caso están las dos. Mucha sorpresa por mi parte fue la de encontrar esa gran voz (en directo pone los pelos de punta), con además unas canciones arregladas que suenan muy bien (“Do I dissapoint you” arreglada para el concierto suena incluso mejor que en el disco).
Y bueno, mucho más que contar, que el concierto duró más de dos horas que dividió en tres partes, que todo el rato habló al público, y que realmente hay que verlo para disfrutarlo, porque, no creo que decepcione a nadie, incluso, a los que no les gusta su música. Es tanta la pasión que desprende en el escenario, que se sale totalmente contagiado de su energía y de su fuerza, y de su alegría. Porque por encima de todo, Rufus es alegre, y lo demuestra bailando travestido de Judy Garland junto a su orquesta, que con mucha gracia coreografía un baile como si de Broadway se tratase.
Sin duda, Miguel Angel, y Nacho, dirán muchas más cosas en sus blogs, yo no quiero ponerle ningún pero, que aunque hubo, se solucionó con mucha gracia. Y volveré a verlo, seguramente, no con la intimidad que proporciona un teatro (cantó sin micrófono alguna canción…en fin). Y espero no olvidar en mucho tiempo el concierto, ya que su recuerdo, ahora que estoy escribiendo esta entrada, me hace estar alegre, contento, con ganas de ser más yo. Y eso, es muy difícil de conseguir.



Comentarios

Nacho ha dicho que…
Una entrada genial, nene.

Por mi parte, como asistente, Miguel Angel y Ama pueden decir la cara que tuve durante todo el concierto. Sólo me miraban y se reían.

Ya escribiré por qué esa cara.
mykelangelo ha dicho que…
Fantástico y maravilloso. Sentí algo parecido a cuando ví de pequeño por primera vez cantando bajo la lluvia...

Como cantante pop me parece una referencia indispensable, un compositor impecable y un intérprete superdotado.

Una noche mágica.
Amador Aranda ha dicho que…
La verdad es que estuvo muy bien, y la compañía, pues fue buena. Un beso a los dos. Os quiero.
David ha dicho que…
¿Y no podrían hacer un musical?
Seguro que es mejor que algunos de los que hay en Gran Vía.
Lo tendré que ver en vídeo, pero no me lo imagino haciendo todo lo que comentas, escuchándolo parece algo solemne...

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