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Saltándome mis propias normas.

Llevo algunos días escribiendo el relato para la nueva revista Aldaba que saldrá en diciembre con motivo de la fiesta de la aceituna. Ya lo he acabado, más o menos. En fin, que me he dicho a mi mismo(me hablo mucho), por qué no publicas en el blog algún relato de Aldaba. Así que, saltándome normas auto-impuestas, pues voy a publicar el último que escribí para la revista marteña. La veintiuno. Seguro que algunos lo habéis leído, pero seguro que hay también muchos que no.

La veintiuno.

Y sí, puede que fuera la casualidad, o el azar, o puede que el plan bien trazado de alguna de esas veinte mujeres que vivían en el pueblo desde hacía ya cuarenta años, ni uno más que la número veintiuno, que sin duda, fue la menos afortunada al no quedarse embarazada el día de la noche en que la casualidad, o el azar, o puede que algún plan, las hizo salir de sus casas e ir en busca de la veintiuno.

Y no, ninguna supo nada de sus maridos la noche del incidente, cuando de repente llegó cada uno a sus casas, acostaron a los niños y se subieron a cada una de sus mujeres, a cada una de sus respectivos dormitorios, donde hicieron con ellas el amor, una y otra vez, hasta que por fin quedaron embarazadas, cada una de cada uno de sus maridos, cada una en cada una de sus camas, cada una en la hora posterior a la que la veintiuno había terminado su reunión extraescolar.

Y sí, en el pueblo eran los hombres, al contrario que en otros pueblos, los que cada jueves de cada semana, cuatro veces al mes, acudían con prisa a la reunión que la veintiuno convocaba para la asociación de padres y madres, como responsable del único colegio a cien kilómetros a la redonda, así como también era la única directora, la única maestra y la única mujer soltera de las veintiuna que habitaban el susodicho pueblo, donde ahora todas menos la veintiuno comienzan a engordar por el embarazo.

Y no, nunca había sido una amenaza la número veintiuno; es más, alguna que no era la veintiuno suponía una amenaza mayor para las veinte restantes, que casadas y con varios hijos cada una, habitaban el pueblo y lo hacían prosperar con más esperanza que nunca desde que la veintiuna llegó, alquiló la única casa disponible, adecuó el colegio para la enseñanza y empezó a dar clase y a educar a su manera a los hijos de las veinte mujeres con la esperanza que ahora la veintiuno lo abandone para siempre, aunque las consecuencias sean nefastas.

Y sí, al principio fue raro, o extraño, o desde luego, porqué no pensar que peculiar, que las veinte quedaran embarazadas, al mismo tiempo, en la misma noche, que la casualidad, o el azar, o puede que el plan de alguna de ella, hizo que la vida empezara a crecer en sus barrigas cuando muchas de ellas, al retirarse la regla, pensó que ya le había llegado la hora de abandonar la fertilidad, pero no, todas ellas tenían a un hijo en su interior, aunque resultara imposible pensar que eran fértiles al mismo tiempo, no tardaron en llegar respuestas a sus preguntas, ya que, una de las veinte, con voz sabia y clara les dio una solución a sus incógnitas : pasamos demasiado tiempo juntas.

Y no, la veintiuno no les abrió la puerta cuando todas ellas llegaron, con sus grandes barrigas, justo en el mismo momento en que supieron que su embarazo no era fruto del azar, ni de la casualidad, pero sí de la veintiuno, que había reunido a sus maridos y con ellos, en una falsa reunión de padres, había hecho algo de lo que la vergüenza era capaz de avergonzarse, aunque la razón y los principios le daban libertad para mover los hilos que ella quisiera.

Y sí, estaban arrepentidas cada una de las veinte de haber adorado a la veintiuno, de haberle confiado sus maridos, sus hijos, su amistad; de haberla invitado a comer, a cenar, a ir de compras a la ciudad; de haberle pedido consejo cuando lo necesitaban; de haberla llamado a medianoche para ver si se podía quedar con alguno de sus hijos pues alguna de ellas tenía que ir a la ciudad, o a otro pueblo: ¡qué arrepentidas de haber confiado en una buena persona cuando sólo hace buenos actos!

Y no, yo no me arrepentiría.

Y sí, hubo una carta, cuando nunca llegaban cartas, que llegó al colegio y la veintiuno leyó, y puede que esa carta cambiara las cosas y justificara la reunión con los maridos, y puede que esa carta no signifique más que ha llegado una carta, aunque si fuera eso, ella no hubiese llorado y dicho a los niños que salieran al recreo que la señorita tenía que descansar.

Y no, no estaba arrepentida la veintiuno de haber conocido a cada uno de los niños, maridos y mujeres del pueblo donde fue acogida.

Y sí, las barrigas fueron creciendo.

Y no, no hubo respuestas por parte de los maridos, por mucho que las veinte los amenazaban con dejarlos si no les contaban de una vez por todas qué es lo que pasó la noche en que la veintiuno los reunió, los hipnotizó con sus palabras y con sus actos y luego ellos subieron con tanta prisa, como fieras a por sus presas y les hicieron el amor y se quedaron todas embarazadas, todas.

Y sí, hay una explicación.

Y no, no la hubo hasta que cada uno de los niños y niñas nacieron.

Y sí, la carta tiene que ver con la explicación, tiene que ver con la futura muerte del pueblo, tiene que ver con el futuro abandono por parte de ella del pueblo donde todo el mundo la ha querido, tiene que ver con los embarazos que fueron planificados, tiene que ver con las reuniones que ella mantuvo con los maridos, mucho antes de la que las veinte pensaban, ya que todo fue cuidadosamente planificado, todo fue planeado fríamente, y en el plan, estaban todos: los hombres y la veintiuno.

Y no, no a todas les gustó la explicación que decía que la veintiuno necesitaba que las mujeres tuvieran un hijo que dentro de cuatro años se escolarizara y así ella no perdiera el trabajo que la carta decía que perdería, ya que, los hijos que ahora las veinte tenían pronto dejarían de ir a la escuela y se casarían con algunos de los hijos que las veinte tenían y así todo podría seguir.

Y sí, la verdad puede doler lo mismo que la mentira.

Y no, no todas llevaron a sus hijos al colegio con la veintiuno, aunque sus intenciones fueran buenas, aunque el fin justificara los medios, los medios habían hecho que el plan se rompiera y la veintiuno abandonara el pueblo donde las veinte la habían acogido durante años, con sus veinte maridos, con sus muchos hijos, con sus tiendas, con sus casas, con su campo y con su comidas, con sus leyes y sus reglas, con sus vidas y con sus muertes, con su ayuntamiento y su biblioteca, con sus pasados y con sus presentes, con futuros imperfectos, con sus planes a medio hacer y sus planes hechos, con su pensamientos y con sus deberes, con sus riñas y con sus lamentos, con sus verdades y con sus mentiras, con sus equivocaciones y sus aciertos, con su sexo y con su amor, con sus palabras y con sus armas, con su gracia y su desgracia, con su luna y con su sol y con sus estrellas, con su agua y con su tierra, con su inteligencia y con su estupidez, con su hábitos y con sus correcciones, con sus valentías y con sus miedos, con los blancos y con los negros, con sus síes, y con sus noes. Se acabó.

Comentarios

Capitán Alatriste ha dicho que…
Vaya Amador, un relatito... A ver, me puede usted explicar que clase de norma te autoimpones para no compartir tu literatura con nosotros. Quiero protestar y protesto ante esa estúpida regla.

Y respecto del relato, es muy original. Me ha gustado mucho el ritmo Y sí, Y no... al principio, porque le confiere como un carácter maquinal a la historia que te va introduciendo en ella justo a la velocidad exacta. Al final ya no me ha gustado tanto, pero obviamente ya era inevitable. Y eso, una historia original, de las que no se suelen leer. Me gusta como juegas con si contar o no la explicación, como se mantiene el suspense y para serte completamente franco, la explicación final no me ha parecido a la altura del resto, pero esto es una apreciación muy personal, claro.

En cualquier caso, enhorabuena, me ha gustado bastante y sigue colgando cositas de estas hombre...
Amador Aranda ha dicho que…
Dude mucho si contar el final o no contarlo, pero creo que quedaría cojo sin el final, pero bueno, la verdad es que me divertí más jugando con los ritmos y con las palabras que con la historia.

Te haré caso y publicaré más cosas. Un saludo.
Kinush ha dicho que…
Pero que bien está este relato!! y nos querias privar de el a tus seguidores bloggeros!! digo como el Capitán, protesto ante tu autoimpuesta norma, hombre ya!!! es como un cuento para adultos (mayores de 18 años) venga tio un saludo!! eres el mejor!!!
Amador Aranda ha dicho que…
Jeje. Vale, vale. Publicaré alguno que otro más, de todas formas, kinush, están en Aldaba, siempre es mejor leerlo en la revista, porque además están ilustrados, no sé...es mejor. Un saludo, y gracias. Me alegro de que te haya gustado.
mykelangelo ha dicho que…
a mi si que me ha gustado el final jejeje, conozco el mundo de la educación y créeme que estas cosas no serían tan raras como cabría esperar!

enhorabuena!
mc ha dicho que…
Ya lo había leido en Aldaba y me sigue pareciendo tan original y fresco como entonces. Pero ya habías colgado antes otros relatos ¿no?
Es que me da pereza ponerme a buscar.

Offtopic: ¿Alguién ha conseguido integrar un Last.fm en blogger? Dios, me está volviendo loco...
Amador Aranda ha dicho que…
Me alegro que te guste Miguel Angel, y también el final. Un besote.

Nunca había colgado relatos antes, había hablado de éste mismo relato, pero cuando salio en Aldaba hace unos meses. Me alegro que te guste.
Lo de Last.fm, si te refieres a integrar la radio, yo la integré y no tuve problemas, si, ya te refieres a otro tipo de widgets, pregúntale a Un viaje a la luna, que lo tiene superchulo en su página lo de last.fm.un abrazo.
unviajealaluna ha dicho que…
A mi me ha gustado mucho el relato, porque te engancha desde el principio, con su lectura divertida de "y si, y no", a medida que vas leyendo quieres saber como termina todo... manteniendo la tension esa de no saber como va a terminar la cosa pero que se hace esperar parrafo tras parrafo.

Y si (¡ves, ya me lo has pegado!), es muy original el relato.

Si señor, yo tambien suscribo la peticion de que no cumplas esa regla.
Amador Aranda ha dicho que…
Me alegro de que te guste. Lo que sí es claro, que la parte de literatura de Aldaba no se lee mucho, pero bueno. Yo seguiré escribiendo mientras los que hacen Aldaba quieran que lo siga haciendo. Un saludo.

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