Ir al contenido principal

Reflexiones televisivas.


Hace unos meses, cuando las series inundaban cualquier rato de mi tiempo libre, dejé de ver la tele. No fue un hecho premeditado. No soy de los que dicen: a partir de ahora no veré más la tele porque...es una basura, o porque no me interesa. No. A mí la televisión, como la radio, o el cine, o la música, sólo me parece un medio en el cual puede haber cosas buenas, malas, o regulares. Sin embargo, como ya digo, fui un yonqui de historias, y aprovechaba cada minuto para ver aunque sólo fuera un capítulo de una serie. Ahora, como no hay series, y me necesidad de historias, no varia mucho desde hace tiempo, aprovecho para leer más, y para ver películas. En las últimas semanas estoy aprovechando para ponerme al día en películas, ya que al cine lo he abandonado en los últimos meses. Y es que, yo al igual que el resto del mundo, necesito de historias para seguir viviendo la mía. Porque es un hecho que el ser humano vive su vida rodeado de otras, ya sean de ficción, o historias reales. Y nos interesan historias sórdidas, enrevesadas, difíciles, como ya digo, nos importa a veces poco el medio, o de la forma que esté contada si la historia en sí es jugosa. Imagino que por eso “El Tomate” triunfa en televisión, porque se nutre de esa base que el ser humano tiene para conocer cosas ajenas, historias difíciles, que seguramente todos tengamos, pero que guardamos bajo llave, sin importarnos conocer las ajenas, y alimentar un sufrimiento que no es nuestro, para saciarnos con las desgracias de otros. Imagino que también “El Tomate” es sólo un medio. Yo, las pocas veces que lo he visto, me lo he tomado como programa de humor, pero no todo el mundo lo ve de esa manera. Hay gente que se lo toma en serio, y tampoco creo que esté mal. El problema es que el programa en sí, inconscientemente también educa, no sólo a niños o adolescentes, que de ellos tiene la responsabilidad sus padres, si no, a gente adulta, gente que cuando sale a la calle, cuando va a la reunión de padres de sus hijos, va a la pescadería, a la peluquería, o, escribe en un blog, se cree con el derecho de inmiscuirse en vidas ajenas, un derecho que parece que está cada vez más latente y que nos permite criticar en anónimo, y además, tener todos los derechos para eso.

Creo, desde mi humilde opinión, que hay que ver la televisión con educación, con distancia, sabiendo que la vida, o las vidas que ocurren, en las series, o en el cine, o en los libros, o en el tomate, no son nuestras vidas, y no tienen porque reflejar una realidad en la que vivimos. Las historias no tienen porque ser espejos de nosotros siempre que nos diviertan y el conocer historias de gente que por propia voluntad quiere vender su vida, no nos da derecho a querer conocer la vida del vecino, si ese vecino, también, por propia voluntad no nos la quiere vender. Cada cual verá lo que quiere ver, porque, afortunadamente, la voluntad de hacer, de pensar, y de vivir, es una libertad y un derecho individual.

Comentarios

combatientes70 ha dicho que…
Menuda reflexión, niño. Y más ahora con todo el tema de Madeleine Mccann y su desaparición, que sus propios padres han convertido en un circo televisado y con todos los mejores ingredientes de una buena serie norteamericana... Yo creo que todos tenemos derecho a nuestra intimidad y desvelar aquello que queremos... el limite lo pones tú y no los demás... eso es lo único a lo que tenemos que aspirar que cada cual coloque su propio limite en su intimidad... yo por ahora sé donde tengo el mío aunque muchos se confundan
David ha dicho que…
La televisión, ese invento desaprovechado.
Ahora que hay mejores televisores que nunca, las cadenas generalistas dan una programación de pena...
Es fácil meterse con la televisión como medio, está de moda decir: "yo no veo la televisión", pero existen programas de calidad y televisión hecha con gusto, desde la reflexión, pero en estos tiempos de consumo rápido es más fácil y más barato inventar cosas sobre otras personas, divagar como dijo un "tertuliano" "desde el más absoluto desconocimiento", que crear.
Otro problema es que ya no se vende sólo la intimidad de quien se expone a ello, sino que se manipulan informaciones sobre personas que pasaban por allí y que se ven sometidas a un acoso y derribo brutal.
Pero, como dice Boyero, el mejor cine de hoy se ve en televisión (hasta el punto de que va a aprender a descargarse archivos de internet...)
Sobre este tema, os dejo este enlace que es bastante interesante, de un blog muy recomendable:

http://blogs.elpais.com/espoiler/2007/09/la-gra-sonrisa-.html
Amador Aranda ha dicho que…
La verdad es que lo de Madeleine
está siendo una verguenza...en fin.

No se ve el enlace David. El boyero, como es...yo hasta que no lo vea no me lo creeré. jeje.
Vértigo ha dicho que…
Yo sí veo el enlace, si no, el blog está en elpais.com, blogs, espoiler, y es la última entrada.
Amador Aranda ha dicho que…
ya lo he visto.
Capitán Alatriste ha dicho que…
Lo único bueno que tiene la tele es que cuando te cabrees puedes arrojarla por la ventana y queda supercinematográfico...o televisivo.
mykelangelo ha dicho que…
no estoy de acuerdo. en primer lugar lo que da la tele es lo que la gente quiere. lo de criticar al vecino es algo natural en nosotros, viene 'de serie'. lo que me parece antinatural es el individualismo acérrimo en el que nos queremos refugiar a veces. somos seres sociales y nosotros mismos somos producto de nuestra interacción con el medio. si no tenemos relación, (aunque sea en plan cotilleo), con los que nos rodean, la tendremos por otras vías como por ejemplo internet.

personalmente me halaga que alguien quiera saber de mi vida privada, que se moleste en averigüarlo. aunque, sinceramente, no creo que tenga ningún interés.
Amador Aranda ha dicho que…
Si, pero hay límites, eso hay que tenerlo en cuenta

Entradas populares de este blog

Casa David

Los indeseables.

Quién les hubiera de decir a las “galas de cine” que en unos años se iban a convertir en fenómenos de masas. Yo, que como aficionado al cine he visto muchas, puedo confirmar que excepto en el noticiario del día siguiente, los premios y las galas pasaban sin pena ni gloria, más allá del comentario popular de: esta ha ganado diez Oscars, o diez Goyas, y no es tan buena…o el vestido de aquella, o el disfraz con el que fue aquel...o la maldad de turno, que también las había...y las hay, y que en cierto modo siempre ha formado parte del visionado de las galas entre amigos: una diversión blanca que no salía del salón donde se veía la gala.
Pero las redes sociales y en especial Twitter, lo han cambiado todo. Las galas son el mejor momento y el mejor escaparate, para que las lenguas, a veces originales, y otras algo viperinas, comenten lo que está pasando en su televisión. Criticar una gala de cine sin saber de cine está a la orden del día. No hace falta ver las películas, ni conocer a los ac…

Las furias cotidianas.

Los viajes siguen siendo interesantes. Madrid sigue siendo interesante. Amigos, familia, visitas, cine, teatro. La lluvia nos recibe a nuestra llegada. La lluvia, y un apartamento en “la puerta del Sol” que no sabemos si nos gusta o no. Apenas sin tiempo nos vamos al teatro. Apenas sin teatro nos vamos al tiempo.  

“El gol de Alex”, la nueva obra de mi amigo Antonio Hernández Centeno. Ver obras de Antonio cada cierto tiempo en Madrid se ha convertido en un hábito muy agradable. En una excusa para volver. En una vuelta a la excusas. “El gol de Alex” es quizá la obra más personal hasta la fecha de Antonio, un texto lleno de dolor y desamor, que renace como el mismo autor, a una nueva vida, a un camino que será diferente, pero en el que se tiene que seguir caminando. Una comedia que es un drama, como las grandes comedias. Como los grandes dramas. Como la vida en la ficción.

Ficción también es la de “Selfie”, comedia, o drama, o simplemente una película sobre España, sobre la actual, o la …