Ir al contenido principal

Un dilema moral

Hace unas semana empecé dos clubes de lectura. La verdad, es que cuando me ofrecieron hacerlo, aunque no tenía mucho tiempo, ya que ambos son por las tardes, acepté de inmediato. Me gusta leer, me gusta escribir, y me encanta hablar de libros y de historias con la gente, así que es el mejor trabajo que puedo tener. Uno de los clubes es en Higuera de Calatrava, y el otro en Santiago de Calatrava, poblaciones cerquitas de Martos.
Una de las cosas que más temía era los libros que leeríamos. Yo soy un buen lector, pero cuando el libro no me gusta, suelo desconectar por completo y enterarme de la historia termina siendo agotador. En el club de la Higuera estamos leyendo Cumbres Borrascosas, de Emily Bronte, que yo recuerdo haber leído cuando era adolescente, y que me está descubriendo una novela muy bien estructurada, y algo más oscura de como yo la recordaba. En el de Santiago leemos El clan del oso cavernario, de Jean M. Auel, que la verdad, cuando escuché que íbamos a leer ése temí que no me gustara, ya que al nulo lector de best seller que soy, no le agradó mucho la idea. Pero cuando empecé a leer el libro, todo empezó a cambiar. No está mal escrito, y tiene alicientes como un estudio minucioso de las sociedades que habitaban en la Edad del hielo en Europa. No sé si porque yo soy un auténtico analfabeto en el tema, y la autora lo cuenta muy bien, o porque el tema es realmente interesante, pero estoy leyendo con mucho gusto el libro, es más, en un principio lo cogí de la biblioteca, y el viernes me fui a Jaén y me lo compré en su edición de bolsillo.

Así que cuando llegué al club, y empecé a hablar con las mujeres que lo forman, iba lleno de ideas, rebosante de temas de los que hablar. Hablamos de personajes, de la lucha que ha mantenido el hombre contra lo que le rodeaba, y hablamos de espíritus. Sí, en el libro se habla de espíritus, no hay dioses ni nada de eso. Ellos respetan a los espíritus y temen que los castiguen por las cosas que hacen mal, y esperan que los premien por las cosas que hacen bien. Aquí llegó el dilema, ya que, una de las mujeres que forma el club, planteó la pregunta que ¿Dónde estaba Dios?. Por supuesto Dios no estaba en ningún sitio, las sociedades prehistóricas no tenían Dios. Pero, ¿cómo explicar ésto?. Me di cuenta que habría que explicar tantas cosas, por donde empezar con alguien que ha sido educado desde la infancia en la cristiandad, y que lo único que conoce es eso, que se le ha hablado de una forma en que sólo existe esa verdad, y todo lo demás suena a cuento chino, cómo explicar que el hombre ha necesitado justificar su existencia con la creación de un ser todopoderoso que lo premiara y castigara, que el hombre ha necesitado ser cuestionado. Y yo, qué pinto, qué derecho tengo a decirle a esa mujer, que viene a club de lectura, que puede que lo que le hayan contado no sea del todo verdad, que puede que existan más verdades que las que nos han dicho desde pequeños, que hay más mundos que el que nos enseñaron nuestros padres. No tengo ningún derecho, o al menos no lo tengo todo, sólo tengo el derecho a explicarle qué es lo que pasaba en el libro, y explico el por qué. Va a ser ésa mujer más feliz que yo por saber las cosas que yo sé, porque yo he llegado a cuestionar a la religión cristiana, y a saber que no todas sus palabras son verdad, ¿va a llegar ella al final de la vida con la sensación que ha sido engañada?: no, por eso no dije nada más. No soy nadie para abrirle los ojos si la persona no quiere ver, si es feliz, si esa vida que lleva le está dando eso tan difícil que es estar en paz con ella misma. Y sí, puede que sea mejor hablar y hacerle ver otros mundos, pero también ella, al igual que le ha surgido una pregunta del libro que era, ¿Qué son estos espíritus?, deba de coger más libros, de historia, de filosofía, de literatura, y buscar las repuestas, a las que yo, sinceramente, no me veo capacitado para darle. Todo es mentira, hasta que descubrimos que detrás está la verdad, pero ese camino, como el de la vida, es mejor hacerlo en soledad.

Comentarios

logansanz ha dicho que…
Primero decirte sobre todo con la confianza que te tengo, que lo que has escrito me ha gustado muchisimo, veo que te has sentido bastante inspirado y se nota en la fluidez con lo que lo he leido y me ha gustado.

Yo creo, que llega un momento, más tarde o temprano que todos nos cuestionamos la religión, la existencia de dios y todas esas cosas, nadie tiene derecho a decirle si tiene o no razón en esos temas, pero si darle su propia versión, para que por lo menos pienses en tus creencias, lo único que puede ocurrir, es que salgas fortalecido en tus creencias, decepcionado o simplemente igual que antes, para mi lo importante es pensar y meditar en tus ideales, que eso siempre te hará mejor persona.
mykelangelo ha dicho que…
aunque ya lo hablamos en persona me gustaría comentarte por aquí que es una situación muy interesante. en mi caso yo creo que le hubiera expuesto mi punto de vista, no por nada, es que yo soy así. me gusta la polémica, jejeje.

en fin. es curioso cómo cosas que muchos tenemos aprendidas de hace mucho tiempo y asumidas aún son totalmente ignoradas por otra mucha gente. hay muchas dimensiones paralelas en nuestra realidad. a veces eso se nota mucho cuando coincides con viejos amigos o conocidos y ves que habéis seguido caminos muy diferentes y que ahora estais muy lejos, a varias dimensiones de distancia.

Entradas populares de este blog

Casa David

Los indeseables.

Quién les hubiera de decir a las “galas de cine” que en unos años se iban a convertir en fenómenos de masas. Yo, que como aficionado al cine he visto muchas, puedo confirmar que excepto en el noticiario del día siguiente, los premios y las galas pasaban sin pena ni gloria, más allá del comentario popular de: esta ha ganado diez Oscars, o diez Goyas, y no es tan buena…o el vestido de aquella, o el disfraz con el que fue aquel...o la maldad de turno, que también las había...y las hay, y que en cierto modo siempre ha formado parte del visionado de las galas entre amigos: una diversión blanca que no salía del salón donde se veía la gala.
Pero las redes sociales y en especial Twitter, lo han cambiado todo. Las galas son el mejor momento y el mejor escaparate, para que las lenguas, a veces originales, y otras algo viperinas, comenten lo que está pasando en su televisión. Criticar una gala de cine sin saber de cine está a la orden del día. No hace falta ver las películas, ni conocer a los ac…

Las furias cotidianas.

Los viajes siguen siendo interesantes. Madrid sigue siendo interesante. Amigos, familia, visitas, cine, teatro. La lluvia nos recibe a nuestra llegada. La lluvia, y un apartamento en “la puerta del Sol” que no sabemos si nos gusta o no. Apenas sin tiempo nos vamos al teatro. Apenas sin teatro nos vamos al tiempo.  

“El gol de Alex”, la nueva obra de mi amigo Antonio Hernández Centeno. Ver obras de Antonio cada cierto tiempo en Madrid se ha convertido en un hábito muy agradable. En una excusa para volver. En una vuelta a la excusas. “El gol de Alex” es quizá la obra más personal hasta la fecha de Antonio, un texto lleno de dolor y desamor, que renace como el mismo autor, a una nueva vida, a un camino que será diferente, pero en el que se tiene que seguir caminando. Una comedia que es un drama, como las grandes comedias. Como los grandes dramas. Como la vida en la ficción.

Ficción también es la de “Selfie”, comedia, o drama, o simplemente una película sobre España, sobre la actual, o la …